Continúa la saga de ¿zombies?
La franquicia que revolucionó el cine de zombies en el 2001 estrena cuarta parte, y lo hace metiéndose de lleno en su propia mitología, cimentando una saga que se solidifica película a película. Los Jimmys, el Doctor Kelson y el Alfa Sansón en Exterminio: El templo de huesos.
¿De qué va?
El Dr. Kelson (Ralph Fiennes) se ve envuelto en una nueva y sorprendente relación, cuyas consecuencias podrían cambiar el mundo tal y como lo conocen, y el encuentro de Spike (Alfie Williams) con Jimmy Crystal (Jack O’Connell) se convierte en una pesadilla de la que no puede escapar. En el mundo de El templo de huesos, los infectados ya no son la mayor amenaza para la supervivencia: la inhumanidad de los supervivientes puede ser más extraña y aterradora.
Si hay algo que exuda la saga de 28 Days Later es amor. Danny Boyle, Alex Garland y Cillian Murphy nunca fueron a lo seguro, y se tomaron el tiempo para desarrollar la historia cuando tenían algo que contar. Y además, tanto la primera (grabada en minidv), como la tercera (grabada con varios iPhones) se convirtieron en el caldo de cultivo del desarrollo tecnológico del mundo audiovisual.

Luego de sus dos primeras partes, nadie podía adivinar que la saga de Exterminio iba a reverdecer para volver a ser un faro en el mundo zombie. Pero la irrupción de la historia 28 años después revitalizó la franquicia y volvió a ser tendencia, por la confirmación de continuaciones ya grabadas.
Exterminio: El templo de huesos no tiene a Danny Boyle en la dirección. Ese lugar ahora lo cumple Nia DaCosta (The Marvels) y eso modifica un factor realizativo caótico y sorpresivo, para centrarse en un relato más «clásico» pero que potencia las actuaciones y permite descansar en quienes viven en este mundo.

¿El diferencial? Son dos: la escritura del siempre efectivo Alex Garland (guionista de la saga y director de renombre), que se siente cómodo y seguro en este mundo, y la actuación del gigante Ralph Fiennes que de ser una sorpresa en la anterior iteración, acá se vuelve el protagonista absoluto.
Garland nos saca del lugar del terror survival, hacia una incomodidad terrenal. Esto que sucede es a los humanos, y el zombie asesino sacado muchas veces termina caricaturizando esa violencia. ¿Qué tan malos pueden ser los hombre en este mundo, dónde hay todo tipo de criaturas que vuelven de la muerte? Bueno, con la primera secuencia, el tono se vuelve muy claro.

Mientras el Dr. Kelson (Fiennes) es el faro de esperanza y humanidad, en el otro extremo está Jimmy Crystal (Jack O’Connell) al que vimos muy poco en la película anterior. Un loco mesiánico con seguidores tan locos e idiotas como él, que aprovecha el caos para bajar su discurso satanista. Y todo toma lugar justo después del secuestro de Spike (Alfie Williams) en la tercera parte.
La violencia y el cinismo de nunca dejar de mostrar las heridas, contrasta con la misión del Doctor: cree encontrar en el Alfa Sansón una forma de entender el virus y su mutación. ¿Son acaso estos «zombies» un desperdicio de humanidad o hay esperanza en ellos? La capacidad de mostrar vileza en los Jimmys y empatía y nobleza con el Alfa es uno de los logros de esta iteración.

Además del asco, el gore y algún que otro susto (cada una de las apariciones de los zombies, aunque pocas, son aterradoras), Exterminio: El templo de huesos tiene un momento musical increíble. En un tercer acto desfachatado e incómodo, somos testigos de cómo la música, el baile y las drogas funcionan hasta en el fin del mundo.
Cada nueva pieza de información sobre este mundo nos adentra más y más, con personajes entrañables y oscuros, monstruos peligrosos y un universo que de tan tridimensional, nos lleva a pensar que es posible. Y siempre en el centro el trío mágico de Danny Boyle, Alex Garland y Cillian Murphy que parecen divertirse a lo grande, y no querer parar.
Se agradece.


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