Marty Supremo: el sufrimiento de los malos

por | 15-01-2026 | Cine, Reseñas | 0 Comentarios

Josh Safdie y su estilo caótico

New York de los cincuentas, un jugador de ping pong (perdón, tenis de mesa) y las sombras y contrastes de buscar la gloria. Timothée Chalamet se disfraza de judío absoluto para otra muestra de la visión de Josh Safdie, el mismo que dirigió Uncut Gems.

¿De qué va?

Ambientada en el vibrante mundo del tenis de mesa de los años 50, Marty Supreme sigue a Marty Mauser (Timothée Chalamet), un joven soñador decidido a ganarse el respeto en un deporte que nadie toma en serio. Inspirada en el espíritu del legendario jugador de ping-pong, la película narra el descenso de Marty hacia la obsesión, las apuestas y la redención, mientras arriesga todo para transformar su improbable pasión en grandeza.

Si algo NO caracteriza el cine de Josh Safdie es la paz, la calma y la tranquilidad, y Marty Supremo es otra muestra de ello. Una ciudad y un mundo que parece haberse detenido en el tiempo, el tiempo a su vez rompiéndose en pedazos por el caos y ¿el papel que finalmente coloca a Timothée Chalamet en el panteón de las estrellas con prestigio?

Marty Mauser es un ser patético, mentiroso, cobarde… aunque algunas reseñas (y la información de las gacetillas oficiales parecen buscar ese mismo espíritu) lo pinten de «chantún», de obsesivo o en busca de la grandeza, estamos ante una suerte de personaje alla Darín en Nueve Reinas, pero con mucho menos huevos -como doma la argentinidad-.

Cada paso que da es en beneficio propio y automático, aunque siempre alega hacer las cosas por la trascendencia, la realidad es que vive en un caos cortoplacista que se parece mucho a la vida de cualquier diciembre en nuestro país. Y desde allí se construye el relato: una condenada cantidad de malas acciones que van complicándolo todo hasta el clímax. El protagonista es el responsable y dueño de su propio destino.

La mayoría de los personajes son malos y/o crueles por decisión propia. O taimados y ventajeros, haciendo que el devenir de su destino sea (en la mayoría de los casos) negativo. Los que hacen desde el corazón, el compañerismo o la confianza… incluso del dolor, son desaparecidos de la trama una vez que el protagonista los usó, o se les rompe el corazón y dan un paso al costado.

En esto la labor de Chalamet está muy bien lograda, al igual que el binomio de «amantes del protagonista» Odessa A’zion y Gwyneth Paltrow (por favor, lo angelada que vive esta mujer). Esta tríada de almas rotas se sienten renovados en su camino hacia la temporada de premios, con actuaciones de esas que buscan el galardón, el prestigio y la gloria.

El arte, el vestuario y el maquillaje son otro logro, nunca nos detenemos a preguntar si algo está fuera de lugar en la cronología de Estados Unidos, Marty Supremo es una cápsula detenida en el tiempo. Y el constante cambio de espacio, situación y crisis, permite un montaje acelerado que no da respiro, un espíritu similar a Uncut Gems que mantiene lo judaíco como base.

¿Querés que sea más judío aún? Fran Drescher oficia de madre de Marty, y en cada línea de diálogo hay algún resquicio de ese factor identitario. Chocan las decisiones que se toman amparándose en eso, algo que se asume es parte de la búsqueda del director. El deporte, la búsqueda de trascendencia a cualquier costo y lo judaíco parecen ser las bases desde dónde se construye.

En lo personal no estoy en condiciones de soportar relatos dónde «los malos ganan», y esta parece ser la base de la historia. A pesar que en los primeros dos actos eso se respeta (con decisiones sobre animales, amigos y paternidad), hacia el final se busca «redimir» a un personaje que no lo merece. Y ahí parece haber algún punto de discusión.

Marty Supremo es el típico fenotipo de «película para la temporada de premios»: bien realizada, con actuaciones efectivas y basadas en una historia real, preferentemente en el pasado. Pero a la vez es un relato que privilegia el «sálvese quien pueda», el «si yo estoy bien, no me importa que el otro sufra» y el «yo me hice solo desde abajo» cuando es una mentira.

Y eso también es un signo negativo de esta época. Y considero que esos pensamientos son parte del problema de estos tiempos, por lo que nunca estuve cómodo viendo esta película. ¿Habrá logrado el director su cometido?

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Elian Aguilar
Escritor, cineasta, fanático de los comics, las peliculas y las series. Geek desde temprana edad, cuando descubrí que los kryptonianos podían morir y que existía la alegría a 24 fotogramas por segundo. Coleccionista acérrimo que no mide el espacio de sus colecciones. La revista Cine Fantástico y Bizarro me hace feliz y el Festival de Cine de Género Buenos Aires Rojo Sangre es mi lugar en el mundo.

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