¿Sueñan los robots con la justicia?
¿Qué sucedería si te despertás y estás agarrado a una silla teniendo noventa minutos para convencer a una Inteligencia Artificial que no asesinaste a tu esposa? Timur Bekmambetov (Night Watch, Wanted) se une a Chris Pratt y Rebecca Ferguson en un policial futurista con espíritu de reality show de jueces y jurados.
¿De qué va?
En un futuro próximo, un detective (Chris Pratt) es acusado de asesinar a su esposa. Tiene 90 minutos para demostrar su inocencia ante la Jueza de la I.A. avanzada (Rebecca Ferguson), a la que él mismo defendió en su día, antes de que esta decida su destino.
Sin Piedad (Mercy en el nombre original, o sea Piedad… todo lo contrario) parece una película panfletaria, aunque no queda claro para que lado del espectro, ya que termina contradiciéndose a sí misma llegando hacia el final. Sin embargo, es una experiencia divertida y diferente a la mayoría de las propuestas hoy.

La historia inicia en un lugar donde tanto el protagonista como nosotros, no entendemos que sucede. En un mundo futurista y bastante oscuro, similar al presente que habitamos, el gobierno de Estados Unidos tiene desbordada la situación por la segregación social, las drogas y la pobreza. Por esto, decidió automatizar los juicios con IA, para impartir justicia con mayor rápidez.
Chris Raven (Chris Pratt) es un policía de peso, ya que fue el primero en llevar ante este sistema a un reo, logrando reunir las pruebas necesarias a través de el acceso irrestricto a toda la tecnología posible. En este futuro no existe la privacidad, tampoco la humanidad y la empatía; una máquina va a tener acceso a todos tus datos y con eso va a tomar una decisión inapelable.

La Jueza Maddox (Rebecca Ferguson) es la IA encargada de llevar a cabo el juicio. Y allí reside lo más interesante de Sin Piedad: todo lo que sucede se ve en tiempo real, y a través de diversos artificios tecnológicos que habitamos hoy (videollamadas, accesos a celulares, cámaras de seguridad, etc).
Así, mientras el protagonista está atrapado sin poder moverse en una silla como acusado, la acción no se detiene permitiendo que la historia avance, con Pratt eligiendo las pruebas a su favor para mostrar su inocencia. La historia termina siendo una mezcla entre El Fugitivo y Minority Report.

Cuando es necesario, la IA vuelve al pasado y va armando el rompecabezas que obviamente deja mal parado a nuestro héroe en un principio, para luego ir mostrando la extrañeza de cosas que no cierran. Hasta la mitad del metraje eso genera un buen clima de thriller policial, pero luego comienzan las arbitrariedades y ahí todo se cae como un castillo de cartas.
Desde el guión la historia no se construye desde la causalidad, el final parece haber sido inamovible y todo entonces tenía que encajar sobre él, haciendo que aparezcan situaciones que rozan lo ridículo hacia el tercer acto. Personajes haciendo cosas (o no haciéndolas) que terminan siendo una especie de NPC (Non Player Character, Personaje no jugador en la jerga de los videojuegos) sin razón.

Pero quizás el peor error esté en el cambio político que proponen con la IA en el clímax del tercer acto. En un mundo dónde todo es exageradamente derechoso (los pobres son malos, las drogas son culpa de otro, los derechos no existen si hay que cuidar la libertad), parecía haber un rechazo a la idea de una computadora tomando decisiones. Pero al final eso cambia hacia un punto casi infantil.
Si no nos detenemos en lo espiritual o político de Sin Piedad, nos cruzamos con un entretenimiento cortito y efectivo, con algunas ideas visuales interesantes y decisiones narrativas frescas en su primera mitad. Chris Pratt continúa desangelado, pero Rebecca Ferguson brilla a pesar de interpretar a un bot, porque así son las estrellas.


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