Dos de las figuras del momento se unen
Glen Powell y Margaret Qualley, dos de las estrellas más requeridas en Hollywood hoy, unen fuerzas en un ¿thriller? ¿comedia negra? ¿drama contra los poderosos?. Una aventura sobre los beneficios de ser rico, y cómo la herencia pesa en Jugada Maestra.
¿De qué va?
Becket Redfellow, el heredero de una fortuna multimillonaria que no se detendrá ante nada para conseguir lo que se merece o lo que él cree que se merece.
Cómo «el chiquilín que miraba de afuera», Becket Redfellow (Glen Powell) tuvo una vida difícil. Una madre soltera, que falleció muy jóven de cáncer, le confiesa que en realidad ella es la oveja descarriada de un millonario absoluto, y que él está en la línea sucesoria en el séptimo lugar.

Sin más opciones, el personaje comienza a tejer un plan para ir eliminando uno a uno a su competencia, pero sin experiencia en esas artes oscuras y con la policía siguiéndole el paso. Si algo les suena es que vieron la última película de Park Chan-wook, La única opción.
Mientras que en ese caso, se construía un clima propio del relato, en Jugada Maestra nunca se termina de definir el tono. El protagonista no requiere sacrificios o tiempo para aprender el no tan noble oficio de asesinar, las cosas le van saliendo y no parece afectarse por ello.

Powell sigue queriendo comprarse a todo el mundo, y construye a un tipo querible. Pero ahí tampoco existe una contradicción que se desarrolle en su día a día. Todo es aséptico, normalizado, como otro día en la oficina. Incluso, en el medio consigue un buen trabajo y una pareja, pero ni siquiera eso tiene algún asidero.
Y allí radica el problema. Si todo sucede y ya, ¿cómo se construye el conflicto? ¿Dónde se aloja?. Al segundo asesinato, la policía comienza a investigar, pero sólo aparece en tres momentos del relato, cómo si el guionista hubiese dicho «uhhhh, me olvidé de los polis». Pero ese no es el único traspié.

Cuando se estrenó Anyone But You, todo estaba puesto en la química entre Glen Powell y Sydney Sweeney, a nadie le importaba lo que sucedía, sólo verlos en pantalla tirándose onda y haciéndonos creer que sucedía algo en serio entre ellos. En Jugada Maestra, quien entra al campo es Margaret Qualley.
Tras el éxito de The Substance, la actriz (que carga con un peso específico sexual muy potente) consiguió posicionarse en el lugar de femme fatale, y uno hubiese creído que repetiría el juego con Powell. Pues no. El tiempo en pantalla entre los dos es poco, no tienen onda, y todo se construye en un pasado en el colegio, que nunca vemos.

Pero por si fuera poco, ella funciona como un Diabolus Ex Machina, que aparece de vez en cuando en la historia para hacerla avanzar atacando al protagonista, obteniendo información que nadie entiende cómo la consiguió, y ofreciendo un final tirado de los pelos que busca ser «canchero y al fleje» pero que termina de coronar un mal desarrollo.
Jugada Maestra es una película fallida, en su tono, construcción narrativa y desaprovechamiento de sus figuras, pero sí funciona en mostrar la inimputabilidad con la que se manejan los ricos, y cómo su universo exagerado e innecesario se disfruta, a costa del resto. Quizás eso sea lo único bueno que deje esta película.

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