Beezel: La devoradora de almas – Nadie se salva

por | 09-04-2026 | Cine, Reseñas | 0 Comentarios

Casa: Se vende

Una mansión en los suburbios de Estados Unidos que es más escabrosa de lo que parece por fuera, 60 años y varias generaciones siendo víctimas de una bruja ancestral que habita entre sus paredes y pisos. Mucho loquito suelto y sustos en Beezel: La devoradora de almas.

¿De qué va?

A lo largo de 60 años, tres huéspedes de una casa maldita descubren a una bruja eterna que habita bajo sus cimientos y que se alimenta de almas vivas. Con cada nuevo ocupante, se revela la verdad que permanece oculta dentro de sus paredes.

Existe una debilidad personal en el hecho de disfrutar películas de terror independientes en salas de cine argentinas, y Beezel: La devoradora de almas no es la excepción. Podría ser tranquilamente una cinta elegida en el BARS, con todo lo malo y lo bueno que eso implica.

La película funciona como una suerte de antología dónde la protagonista es la casa. Una casa que esconde un secreto, uno que cuatro generaciones diferentes van a sufrir en carne propia (literalmente). La estructura es un poco extraña, ya que el paso de una época a la otra se da sin relación de continuidad. Cómo si se quitaran el cuento de encima.

Para los nostálgicos, el elemento de la tecnología para tomar registro es uno de los factores más importantes. Cámara Super8, VHS, Cassette, MiniDV, cada una de las etapas históricas se construye alrededor de estos dispositivos. Eso le da a la cinta una mezcla de found-footage y registro histórico muy efectivo.

El tiempo de cada una de las historias es bastante parejo entre sí, haciendo -sin embargo- que la última historia sea la más completa y potente, ya que no sólo habla sobre la maldición de la casa, sino en un estadío avanzado de una profecía, y de la discusión de una pareja a propósito de traer hijos al mundo.

Así en cada una de las historias, la aparición de la bruja es mínima, aprovechando la construcción de la extrañeza a través de los dispositivos de registro sonoro o audiovisual, terminando en un jumpscare que pone el punto y seguido para la siguiente historia.

La caracterización de la bruja es correcta las pocas veces que se la ve, lo que no funciona tanto es el maquillaje de los humanos cuando son transformados. A excepción de la tercera historia, con la señora mayor, que se parece al estilo de Sam Raimi en Evil Dead.

La iluminación -algo simplista y con una búsqueda artística nula- completa el cuadro de la casa, que todo el tiempo parece ser «simplemente un hogar más de los suburbios», pero que dentro se construye como una mansión con espacios gigantes y conectores entre las paredes a todos los ambientes.

Las actuaciones son el factor más fallido de la ecuación, el director Aaron Fradkin parece haber trabajado mucho en la construcción de la casa y la bruja como personajes principales, y olvidó a quienes ponen el cuerpo como víctimas. La falta de empatía y preocupación por sus destinos, le resta potencia al relato.

Beezel: La devoradora de almas es una película independiente de terror más. De esas efectivas y pasatistas, que no parecen tener destino de clásico de culto, pero que sin embargo -para los fanáticos del género- se vuelve un entretenimiento simple y claro en sus reglas durante una hora y media. Hoy, no es poco.

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Elian Aguilar
Escritor, cineasta, fanático de los comics, las peliculas y las series. Geek desde temprana edad, cuando descubrí que los kryptonianos podían morir y que existía la alegría a 24 fotogramas por segundo. Coleccionista acérrimo que no mide el espacio de sus colecciones. La revista Cine Fantástico y Bizarro me hace feliz y el Festival de Cine de Género Buenos Aires Rojo Sangre es mi lugar en el mundo.

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