Que tiempos nos ha tocado vivir…
Hacía más de 1o años que Santiago Segura no volvía con el detective sucio, inmoral y derechoso de Torrente. Pero los tiempos parecían gritar a los cuatro vientos Torrente Presidente, así que regresó. Y quiere indignar a todos y a todas.
¿De qué va?
Olvidado por las instituciones, despreciado por sus antiguos aliados y sobreviviendo entre deudas y teorías conspirativas, Torrente descubre una oportunidad única para volver al centro de atención: la política nacional. Tras un enredo tan absurdo como peligroso, termina viéndose envuelto en una campaña electoral disparatada, rodeado de asesores aún más incompetentes que él, ‘influencers’ oportunistas y viejos conocidos que preferirían no haber vuelto a cruzarse en su camino. Convencido de que el país necesita “mano dura, sentido común y su particular visión del orden”, Torrente inicia una carrera hacia el poder que mezcla mítines caóticos, promesas imposibles y operaciones encubiertas totalmente fuera de control.
Torrente es una exageración, la hipérbole de un pensamiento radicalizado producto de una necesidad de curar los espantos de una realidad que algunas veces se acercaba demasiado a ese constructo. Hoy, la realidad es peor. Y Torrente Presidente viene a medirse en esa elección contra la coyuntura.

Olvidado, rezagado, conviviendo con los parias de siempre, Torrente entiende que hay una posibilidad en la política para poner un micrófono potente delante de sus labios, y que su palabra (altanera, desubicada, mala leche e ignorante) tenga un impacto en cada uno de sus correlegionarios… y en los otros.
Santiago Segura entiende la realidad, se burla de ella por izquierda y por derecha. Tanto, que las risas se sienten pesadas y algo tristes. El humor como sanación, pero también cachetada de actualidad. Hoy día normalizamos cosas extraordinarias (en su acepción de ordinariez), pero todo va tan rápido que no llegamos a procesarlas. Y ahí llega él.

Torrente Presidente es la sexta parte de esta longeva franquicia, y la menos aggiornada a nivel del lenguaje audiovisual. No tiene sorpresas en la imagen, todo se toma de la manera más genérica posible, casi al borde de un documental. Pero la magia está en entender el pulso del humor a través de la palabra.
La complicación en la comedia es mantener la calidad y efectividad de los chistes en todo momento, tarea hercúlea de una complejidad suprema, pero que Santiago Segura lleva con altura, sobre todo en más de la mitad del relato. El tecer acto es el más flojo, cuándo el conflicto se vuelve medio una persecusión de película de acción.

¿Sos amante de la saga y buscás cameos? Sos absolutamente bienvenido al mimo que realiza Segura, devolviendo a muchos personajes (o actores que participaron) en una fiesta de sorpresas que se corona con la participación de famosos de toda calaña, que no se detienen en la tarea de engalanar el convite audiovisual.
La sorpresa de la participación de dos actores de renombre gigante en Estados Unidos, y totalmente cancelados hoy, es la frutilla del postre de mierda y mala leche con el que el director y actor busca golpearnos en la cara para que no nos quede otra que reír. Reír, aunque no haya un porqué.

Lo más sorprendente es la transformación semiótica que completamos como espectadores: lo que en las anteriores partes de la franquicia nos parecía exagerado o mersa, hoy nos recuerda a algún familiar, conocido o figura pública que pulula en los medios. La vara no movió a Torrente, él se movió por la vara.
Torrente Presidente es un hecho documental de un momento donde la ficción quedó varios puntos debajo en la encuesta, y la locura, la ignorancia consciente, los malos tratos, la desinformación y la realidad coyuntural pican en punta. Un mundo loco loco. Un mundo para gente como Torrente.

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