El llamado salvaje: cine shampoo de alto presupuesto

Entender el estreno de El llamado salvaje, protagonizada por Harrison Ford (interpretando al mítico personaje de John Thornton -más abajo entenderán porqué ese adjetivo-) y un perro gigantesco y querible necesita un poco de contexto.

The Call of the Wild (así su nombre original) es una novela corta escrita por Jack London en los primeros años de 1900, tuvo su primera traducción al español a finales de 1930 y desde su concepción se convirtió en un clásico de la literatura. El libro cuenta la historia de Buck, un perro que es arrastrado a Yukón (Canadá) y vendido para ser un animal de transporte en la nieve, durante la época de la fiebre del oro del siglo XIX.

Tuvo tres adaptaciones audiovisuales: 1972 (con Charles Heston haciendo de Thornton), 1976 (una película para TV) y en 1997 (con Rutger Hauer personificando a Thornton y la voz narradora de Richard Dreyfuss). Como ven, no sólo ha sido muy adaptado sino que grandes figuras han tomado el manto de este arisco y mítico personaje.

En este caso, la historia respeta bastante del texto original. Está dirigida por Chris Sanders (Lilo y Stich, How to train your dragon -en ambas también guionó-), ayudando a reforzar la figura de Buck, ese perro gigantesco e inteligente, que es robado de una casa sureña en donde hacía desmadres al estilo de Beethoven (1992) para terminar en el lugar más frío del mundo. Allí, una figura espectral, un lobo oscuro, le seguirá el rastro y le mostrará el camino para que conecte con su lado salvaje. Obviamente, en el medio de su camino le va a cambiar la vida a humanos y animales por igual.

Buck, recreado digitalmente en su totalidad, es una gran apuesta y sale airoso; aporta una cuota de humanidad que le suma al relato y permite entender el crecimiento y el camino que lleva adelante. Parece hasta más humano que algunos personajes que se presentan durante la historia. Harrison Ford aporta su experiencia y años frente a la cámara para representar un hombre gastado, taciturno, deprimido… pero no por eso menos humano. Sus minutos en pantalla no son tantos, pero su presencia ilumina todo.

La fiebre del oro, la maravilla de la naturaleza (con su nieve, sus montañas, sus ríos y sus bosques), la fraternidad, la codicia, la pérdida… El Llamado Salvaje es cómo esas películas de domingo que veíamos en la caja boba durante nuestra niñez, pero en esta oportunidad con mucho más presupuesto y (claro) un perrito digital.

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