Había una vez en Hollywood: amor por la edad dorada del cine

Quentin Tarantino está de vuelta. Esto siempre es motivo de algarabía, de nervios, de fanáticxs haciendo F5 en la página de los cines para conseguir su entrada. Volver a ver a uno de los autores de nuestra generación siempre es para festejar, pero a la vez el reloj sigue sonando y el tan mentado “hago diez películas y dejo el cine” se encuentra cada vez más cerca. “Había una vez en Hollywood” es la novena película, y ya falta poco…

Caída en desgracia

Rick Dalton (un gigante Leonardo DiCaprio) no está feliz, su carrera se ve empantanada, y su agente Marvin Schwarz (Al Pacino) le dice que sería mejor viajar a Italia a participar de Spaghetti Westerns en lugar de seguir siendo el villano que siempre perece en las series de moda televisiva. Pero Rick no se encuentra solo, junto a él cual sombra se encuentra Cliff Booth (Brad Pitt), un doble de acción con un pasado algo turbio, que es una suerte de sidekick del héroe y que parece ser metódico y pragmático.

En Los Angeles, y junto a la casa de Dalton se muda la pareja de Roman Polanski y Sharon Tate (Margot Robbie), junto a Jay Sebring (Emile Hirsch), ex pareja de ella y compañero de la vida ahora de ambos.

Mientras conocemos más sobre la vida de Rick y su relación con el ambiente del cine, nos metemos en la privacidad (muy seca y desaliñada) de Cliff y en el nuevo mundo de Sharon Tate convirtiéndose de a poco en estrella.

Amor por el cine

La película es un poco confusa en su conflicto. Tiene mucho de “Bastardos sin gloria” ya que mezcla historia real con fantasía, y de “Death Proof” en los diálogos que esconden una tensión que termina explotando hacia el final.

Pero lo cierto es que el largo del metraje (2 horas 40 minutos) conspira en contra, cayendo en repeticiones de fórmulas ya conocidas del director (por favor, que no caiga en el virus Burton…) y mareando un poco sobre el curso de lo que quiere contar. Pero claro, son tan bellos los planos, son tan nítidos y estridentes los colores, y es tan mágica y movediza la música, que no es difícil caer encantados ante la sabia música de este flautista de Hamelin que es Tarantino.

No tan parejo

La tensión y la historia son un poco desparejas, cómo así también el tiempo en pantalla de lxs tres protagonistas, Leo DiCaprio se lleva la mayor cantidad de minutos en pantalla, demostrando su calidad actoral y haciéndonos aplaudir de pie en algunas secuencias preciosas que van desde el drama a la comedia. Brad Pitt liga menos, pero todas sus escenas son importantes, incluso a nivel tensión, dramatismo e importancia narrativa casi todas sus escenas son imprescindibles para la historia, y todo esto se hace carne en el clímax. Margot Robbie es la mas desdibujada ya que no comparte casi tiempo con los otros dos protagonistas, tiene muchos menos minutos, pero no deja de hacer brillar su ángel y belleza en cada plano que le toca.

La cantidad exacerbada de cameos es gigantesca, y es casi un “Buscando a Wally” meterse en el cine y tratar de encontrar a su actor o actriz favoritx. Algunxs pasan muy desapercibidxs, y otrxs incluso quedaron fuera del corte final. También es muy importante todo “el temita” del Clan Manson, y el ideal hippie de la época.

Cine al cuadrado

“Había una vez en Hollywood” se pierde un poco en sí misma, o en el onanismo de un director que ya se conoce y reconoce, claro que no deja de ser un espectáculo cinematográfico gigantesco para todxs lxs que amamos el cine y su cine. Podría ser su película más fallida si no fuese por la última media hora, y un par de secuencias donde destaca Brad Pitt (por favor que genial la pelea con Bruce Lee).

Esperemos que la próxima película de Quentin Tarantino (¿será la última?) lo encuentre en una zona de no confort, y pueda seguir encontrando esa chispa cinéfila y de autor que sólo un talento verborrágico como él nos puede ofrecer.

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