Hoppers: Operación Castor – El fin de la inocencia

por | 06-03-2026 | Cine, Reseñas | 0 Comentarios

Pixar animándose a probar cosas nuevas

¿Una película original en tiempos de secuelas, reboots y franquicias multidisciplinarias? ¿Sabes lo loco que suena eso? ¿Y que además hable sobre el respeto a la biodiversidad, los políticos corruptos y poderosos, y la posibilidad de tomar el poder por la fuerza? Esto es Hoppers: Operación Castor, lo nuevo de Pixar.

¿De qué va?

La amante de los animales Mabel (voz en inglés de Piper Curda) aprovecha la oportunidad de utilizar una nueva tecnología para “trasladar” su conciencia a un castor robótico realista y comunicarse directamente con los animales. A medida que descubre misterios del mundo animal más allá de lo que jamás hubiera imaginado, Mabel se hace amiga del carismático castor Rey George (voz en inglés de Bobby Moynihan) y debe reunir a todo el reino animal para enfrentarse a una gran amenaza humana inminente: el persuasivo alcalde Jerry (voz en inglés de Jon Hamm).

«Es para nenes» es la frase de cabecera a la hora de hablar de películas animadas. Algo que con el tiempo, y diversos ejemplos que destruyeron la taquilla, se fue convirtiendo en una discusión abierta. ¿Es posible utilizar la animación para moldear valores en la niñez? Por supuesto que si. Casi que es su función primaria.

En la antigüedad ese espacio estaba tomado por los cuentos de los Hermanos Grimm o las fábulas orientales, luego de unos siglos eso se fue invisibilizando hasta llegar a hoy. La hegemonía y el acceso irrestricto a la información convirtió a esas «historias aleccionadoras ejemplares y populares» en un susurro de algo que existe debajo de todos los tik toks que ven los nenes indiscriminadamente.

¿Los productos culturales deberían ser sólo entretenimiento? Pregunta válida y que desnuda ciertos intentos -vetustos y perdedores- de los últimos años por poner una agenda o una temática por encima de lo que se relata, despertando a las fieras de «las-buenas-costumbres-y-con-mis-hijos-no», ensuciando la conversación.

Quien hubiese imaginado que lo ideal es simplemente crear una historia llena de imaginación, ideas jugadas, que no duda en meterse con temas escabrosos como la muerte o la corrupción, pero que lo haga sin perder su halo lúdico y sentimental, poniendo bajo el reflector los valores que construyen una sociedad más justa y consciente.

Hoppers: Operación Castor presenta a Mabel, una chica que perdió a su abuela y está por perder el estanque dónde disfrutaba de las enseñanzas de ella. Un espacio en medio de la urbanización desmedida de Jerry, un alcalde mentiroso, cobarde y por sobre todas las cosas corrupto. La solución, utilizar un experimento secreto dónde el cerebro humano se mete en un robot animal hiper-realista.

¿Tiene algún asidero todo esto? ¿Es que nadie sabía que era posible esa tecnología? ¿Por qué se desarrolla en un lugar tan poco tecno-diversificado? Bueno, es una película para chicos, y no se detiene a explicar cosas por demás, sino -a través de una idea fresca y llena de posibilidades- a sentar las bases del juego narrativo que propone.

Mabel debe convencer a los animales que vuelvan al estanque, para así evitar una construcción urbana que termine por destruir el espacio. Pero no contaba con el accionar corrupto del político de turno, que instaló unos falsos árboles con sonidos sólo audibles por el reino animal que los aleja. La unión inter especie, como una suerte de sindicato, llevará al enfrentamiento definitivo entre animales y humanos.

Hoppers: Operación Castor está llena de ideas divertidas, algunas veces oscuras, pero sobre todo con urgencia para hacer algo distinto. Abreva en el cine de terror de los 50s, en las películas de animales asesinos y en las intrigas palaciegas para crear una historia que se apalanca en el compañerismo, el destino de grandeza y en no olvidar las raíces. Bueno, y en el medio animalitos que hablan.

Con ideas visuales metatextuales (cuando los animales se ven entre ellos, gráficamente son antropomórficos y cartoon, mientras que si los ven humanos no tienen expresiones), una dosis de terror pocas veces utilizada (como en el corto de Toy Story) y mucho chiste físico, Pixar lo volvió a lograr. Y cada año es más difícil, por lo que se celebra.

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Elian Aguilar
Escritor, cineasta, fanático de los comics, las peliculas y las series. Geek desde temprana edad, cuando descubrí que los kryptonianos podían morir y que existía la alegría a 24 fotogramas por segundo. Coleccionista acérrimo que no mide el espacio de sus colecciones. La revista Cine Fantástico y Bizarro me hace feliz y el Festival de Cine de Género Buenos Aires Rojo Sangre es mi lugar en el mundo.

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