Jackie Chan no se detiene
El recontra espionaje vuelve a la pantalla grande, y lo hace con piñas, patadas y uno de los íconos más grandes vivos: Jackie Chan. Tecnología, persecusiones, información filtrada y la sensación de estar viendo una versión oriental de Misión Imposible en Operación Sombra.
¿De qué va?
En Macao, una banda de ladrones profesionales ejecuta golpes quirúrgicos y desaparece como si el mundo entero fuese un punto ciego. Desbordada por un enemigo que entiende la ciudad como un tablero de ajedrez digital, la policía toma una decisión desesperada: sacar del retiro a su mejor experto en vigilancia. Ese hombre es Wong Tak-chong (Jackie Chan), una leyenda de la vieja escuela que vuelve a la calle para enfrentar a “La Sombra”, un criminal que lleva décadas escapando y que ahora prepara el golpe más grande de su vida. En una cacería donde cada cámara puede mentir y cada dato puede ser una trampa, la única salida es mirar distinto… y pelear de cerca.
Ya no hay ninguna sorpresa entre los amantes del séptimo arte: el cine oriental es mainstream, popular y hoy se está convirtiendo en un negocio redituable para zonas tan alejadas como Argentina. Así que se celebra cada estreno en pantalla grande de películas capaces aún de dejarnos con la boca abierta.

Operación Sombra (The Shadow’s Edge) planta bandera desde su secuencia inicial. Una persecución por las calles de Macao con disfraces, máscaras, gente realizando malabares corporales y tecnología aplicada. Un espectáculo que no da respiro y setea el scope que ofrece.
Los buenos fallan, y un problema de seguridad informática demuestra que es momento de volver a las bases de lo analógico y ahí llega Wong Tak-chong (Jackie Chan). Lo destacable es la capacidad del actor no sólo de seguir siendo efectivo en sus escenas de pelea, sino también de emocionar y poner el foco en su experiencia como mentor y responsable antiguo del cuerpo.

A partir de allí lo que podría ser «otra de espías» se convierte en un juego del gato y el ratón, donde ambos lados tienen pequeñas victorias y derrotas. La sombra del título es un villano que vivió en la oscuridad durante decenas de años, y un error de su banda lo deja expuesto. Una chance de cerrar heridas del pasado.
La cantidad de situaciones de tensión, de espionaje y contra-espionaje, de información falsa o de sorpresas sólo se equipara a la presencia de ambos protagonistas, que cada vez que aparecen en plano uno no puede dejar de posar su mirada sobre ellos.

Operación Sombra es una crítica al uso excesivo de la tecnología, pero también un aviso sobre el control de la misma. Si no es el pueblo quien la utiliza, ¿qué fuerzas oscuras pueden aprovecharse de ella para dar una imagen falsa y adquirir aún más poder? La sutileza sobre este punto es otro de los grandes aciertos.
Las escenas de acción no dejan respirar, cada plano parece pensado al detalle, mientras que el ritmo se mueve en una cadencia absolutamente efectiva, cada corte respira acorde a la secuencia de la que forma parte. Mientras que las pausas y los silencios ganan volúmen en comparación.

Y ahí es dónde más brilla Chan, con un personaje cansado y melancólico, con una venganza agónica en su mirada. Conocer su pasado es sumergirse en la tristeza, y la interpretación del actor nos vuelve parte de su mundo y nos pone de su lado. La luz desde el dolor, la fórmula de la esperanza.
Una historia plagada de momentos tensos, de idas y vueltas, peleas coreografiadas a la perfección y persecusiones que duran lo que deben durar. Operación Sombra vuelve a demostrar porqué el cine chino (acá también co-produce Hong Kong) es hoy parte de la hegemonía. Para no perderse este espectáculo en pantalla grande.

0 comentarios