Parasite: el cine como entretenimiento y denuncia

“Más vale tarde que nunca” reza un dicho popular… aunque en este caso podría modificarse al lenguaje cinéfilo con: “más vale nominaciones al Oscar que salas” porque costó… pero llegó. Finalmente Parasite, la nueva obra de Bong Joon Ho (The Host, Snowpiercer, Okja) se estrena en el circuito de cines comerciales de Argentina, luego de haberse pre-estrenado en el Festival de Cine de Mar del Plata y de estar a la mano de los cinéfilos acérrimos en plataformas de dudosa precedencia en el sub-mundo de la internet. Pero… Es menester verla en pantalla grande.

¿De qué va la película? La sinopsis reza lo siguiente:

“Tanto Gi Taek (Song Kang Ho) como su familia están sin trabajo. Cuando su hijo mayor, Gi Woo (Choi Woo Shik), empieza a dar clases particulares en casa de Park (Lee Sun Gyun), las dos familias, que tienen mucho en común pese a pertenecer a dos mundos totalmente distintos, comienzan una interrelación de resultados imprevisibles.”

Pero este estreno es mucho más que eso, es una experiencia cinematográfica deliciosa capaz de tomar por sorpresa a les desprevenides que vayan buscando “una de los Oscars”, o a aquelles que ya conozcan el cine de Bong.
Parasite es incategorizable, resulta complejo estancarla en algún género en particular, va fluyendo y encontrando diferentes tonos navegando en el mundo incómodo donde no existen los blancos y negros, pero sí muchísimos grises. Y qué difícil encontrar relatos audiovisuales actuales que trabajen en esos grises…

El cine actual se encuentra en una discusión constante producto de los grandes monopolios, los problemas de presupuesto, de distribución y esa tendencia que viene hace años que solo existen producciones chicas o gigantescas (los famosos “tanques”). El objetivo es recuperar de manera rápida la inversión, apostando por universos compartidos que permitan un ventaneo más claro de distribución, manteniendo “atado” al espectador y ayudando a “masticar” mejor sus productos. Esto deparó en un acalorado debate que se da hace tiempo entre el “cine de entretenimiento” y el cine “artístico”, que se reflejó claramente en el Scorsese-gate. Pero esto es algo que ocurre… en el cine industrial occidental, que está cooptado mayoritariamente por Estados Unidos.

¿Entonces, que representa Parasite? Otro modo de ver el cine, Bong siempre pudo jugar con los límites: en Snowpiercer usó un juego de anillos dantescos para hablar sobre la pirámide social, en Okja se fue a un futuro muy cercano para discutir sobre el veganismo… a pesar de estar dentro del sistema ofrece un matiz, algo diferente… único. La nueva película de este director es un drama, una comedia, una de terror por momentos. Es una crítica al sistema clasista, evitando caer en subjetividades dónde un lado de la balanza es el bueno y el otro el malo. Es una historia sobre el amor: entre jóvenes, familiar, entre parejas eternas. Es una crítica mordaz al arte, al consumismo y al capitalismo. Incluso durante mucho metraje es una película sobre atracos, con un plan y un montaje similar a otras películas de este género.

Inclasificable, altanera, mordaz, graciosa, incómoda… humana. Parasite es un producto extraño, que logró atravesar la cadena de producción del cine “convencional” que consumimos regularmente, demostrando que existe otro modo de ver el cine, otros relatos, nuevas direcciones… aunque necesitemos subtítulos y tengamos que confiar en ellos ciegamente.

Y a pesar de venir de Corea del Sur Parasite parece más Argentina que el dulce de leche, si uno está conectado con la empatía social se va a ver altamente interpelado: la dignidad del trabajo, la falta de recursos, las necesidades básicas del post-modernismo (como el wifi), el flagelo de las inundaciones, el arreglarse con lo que se tiene permitiéndose mentiras piadosas en pos de sobrevivir… si la nueva película tuviese una remake en Argentina, grabada en el tercer cordón del conurbano y dirigida por Adrian Caetano a nadie le sorprendería.

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