Kinky Boots: El gran ensamble argentino

La historia de Kinky Boots arranca en 2005, en una película estrenada en Inglaterra dirigida por Julian Jarrold  y escrita por Geoff Deane y Tim Firth. Pero antes, existió una historia real: Steve Pateman, en aras de salvar la empresa de zapatos familiar decide producir calzado fetichista para hombres bajo el nombre de Divine Footwear. Esto salió a la luz en un documental de la BBC2 en 1999 que sirvió de fuente de inspiración para esta historia sobre Charlie y su encuentro con Lola, una drag-queen que va a salvar la empresa familiar y sobre todo su propia vida.

La película pasó por las manos de los productores ganadores de premios Tony (el “Oscar del teatro musical”) Daryl Roth y Hal Luftig que luego de mucho trabajo estrenaron la adaptación en clave comedia musical sumando valor agregado que terminaría por conformar el éxito: la exitosa Cindy Lauper haciendo los temas musicales. La obra estuvo siete años en cartel (de 2013 a 2019) y finalmente llega a nuestro país de la mano de la dirección de Ricky Pashkus.

Charlie (Fer Dente) decide dejar a su padre y su empresa de zapatos atrás, para mudarse a Londres y convivir con su capitalista novia. Claro que las malas nuevas no tardan en llegar, y al enterarse de la muerte de su padre tiene que volver y hacerse cargo de lo que suceda a las quince familias que trabajan en esa fábrica. Su primera solución es despedir a todos y todas, pero la aparición de Lola (Martín Bossi) en su vida, una drag-queen con una personalidad explosiva y unas botas de tacón larguísimas -tanto que sería imposible que resistan su peso- le da un giro a su vida. ¿Entonces? Aparece un plan entre tanto glitter y luces de neón: convertir a la fábrica de zapatos en la primera del mundo en producir calzado para drag-queens cómodos y con mucho estilo.

Fer Dente es un conocido de la comedia musical, luego de aparecer en el casting de la versión argenta de High School Musical en 2007 participó en diversas obras entre las que destacan Hairspray (2008), Despertar de Primavera (2010), Casi Normales (2012), Tango Feroz (2013), Peter Pan: todos podemos volar (2016) y Aladín: Será Genial (2018) entre muchas otras. Su presencia siempre es sinónimo de calidad vocal y carisma. Pero la wild card de esta obra es la elección de Martín Bossi como Lola; surgido de la televisión, y luego de varias obras donde explotaba su faceta de imitador (como la saga de El impostor), el actor debía ponerse en las botas de este personaje complejo y lleno de matices. Bossi había realizado algo similar en su primera vez en pantalla grande con Viudas (2011) interpretando a Justina, una travesti.

Kinky Boots sale airosa como obra musical, no tanto por la interpretación de Lola (en la que Bossi pone demasiado de sí mismo, convirtiendo al personaje en una suerte de Caro Pardíaco meets Su Gimenez y Moria Casan), ni siquiera por el buen hacer de Fer Dente (que siempre se destaca), sino por algo que la mayoría del teatro musical argentino ostenta hace años: la calidad de sus artistas de ensamble. Ya sean los ángeles (un grupo de drag-queens que acompañan a Lola), como los personajes de la fábrica, todos y todas deslumbran con su calidad en el canto y en el baile… más un carisma que levanta la vara a niveles altísimos. El teatro musical argentino no tiene nada que envidiarle al teatro internacional, existe una cantera gigantesca de artistas que podrían estar al frente de cualquier proyecto.

La buena labor en el canto (con excepción de Bossi y Sofi Morandi en algunos casos), las geniales coreografías, los colores estridentes y de neón que engalanan la sala, el mensaje de fondo que comunica Kinky Boots… incluso la química entre los dos protagonistas (que funciona muchísimo mejor cuando Lola se convierte en Simón) convierten a la obra en una muestra más del gran momento que vive el teatro musical en nuestro país, algo que se traduce también en el público que llena las salas y aplaude de pie varios minutos.

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