El diablo viste a la moda 2: Evolución

por | 01-05-2026 | Cine, Reseñas | 0 Comentarios

Vuelven Miranda, Andy, Emily y Nigel

En este universo audiovisual cíclico en el que vivimos, nos volvemos a cruzar con el mundo de Runway y sus historias, 20 años después. Todo cambió demasiado, no sólo los personajes sino también lo que los rodea. De eso habla El diablo viste a la moda 2.

¿De qué va?

20 años después de interpretar a los icónicos personajes de Miranda, Andy, Emily y Nigel, Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci regresan a las elegantes calles de Nueva York y a las sofisticadas oficinas de la revista Runway en la esperada secuela del fenómeno de 2006 que definió a toda una generación.

Fue Joaquín Sabina el que escribió «al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver». Una frase que sólo se vuelve real cuando los años se vienen encima, y cuando la experiencia se cruza con el existir diario. Y algo de eso se discute en la secuela del éxito que fue El diablo viste a la moda.

El diablo viste a la moda 2 apareció de sorpresa, parecía una historia que no iba a tener continuación (a pesar de su trilogía madre en libros), pero la nostalgia -y el dinero- todo lo pueden. Y así se juntó el equipo original completo (Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci) para volver y hablar sobre cómo pesan los años.

20 años después todo sigue bastante parecido: Andy logró ser una periodista de nivel que ve como se derrumba todo frente a la IA, Miranda tiene que cuidarse de los comentarios de Recursos Humanos en Runway, Emily es responsable de una de las marcas de ropa más conocidas y Nigel sigue siendo la piedra basal de todo. ¿Entonces qué importa contar?

La película pierde la frescura y sorpresa de su predecesora, sobre todo teniendo en cuenta que todo se volvió tan memético y propio de la cultura del presente que se siente como una suerte de parodia. Quizás no del todo efectiva, pero confortable. La acción es simple: reencontrarnos y entender cómo funciona el paso del tiempo, es celebratorio antes que un espíritu de contar una historia interesante.

Runway va a desaparecer. Como toda revista de papel, como todo proyecto mastodóntico y costoso en tiempos de virtualidad, tiene sus días contados. Pero Miranda resiste, porque la cultura importa, como así también la fotografía, la escritura y el vestuario. El diablo viste a la moda 2 es un manifiesto de defensa, es Homero Simpson enfrentando el espejo de su padre gritando: «y lo mismo va a ocurrirte a tí».

La dinámica se modifica bastante y ahí es dónde para mí están los puntos más flacos. Estamos demasiado acostumbrados al juego del poder, que ahora se modificó, pero seguimos esperando y construyendo algo similar «por los buenos tiempos». El que mejor entiende esa dinámica sin dudas es Nigel, que es el personaje con el mejor arco y crecimiento. Sigue siendo igual, pero con más experiencia.

Andy, como sucedió con Indy Jones en su primera película, no hace demasiado para avanzar la historia. Simplemente está ahí, siendo divina y luminosa, demostrando la potencia de estrella que tiene Anne Hathaway. Su personaje incluso tiene una insípida «historia de amor» con menos química que el matrimonio de Adriana Aguirre y Ricardo García. Pasó el wokismo y dijo que no es necesario.

Emily tiene un arco bastante particular, que podría ser interesante pero termina siendo tan exagerado y marcado, con un final similar a un Deus Ex Machina, que desestima la idea inicial. Las personalidades parecen haberse escrito como una exacerbación del molde original de hace 20 años, y no como humanos que evolucionan a pedir de las vivencias del presente.

El diablo viste a la moda 2 es una reunión con ex-compañeros del colegio, dónde esperamos que el resto haga sus monerías, porque nos da nostalgia y un momento de serotonina, pero a la vez da cringe porque ya estamos más grandes. Es una declaración de principios sobre un presente tóxico de corporaciones hambrientas, despidos masivos e inteligencia artificial, pero también sobre como el humano tiene la capacidad de enfrentarlo.

Es asomarte por un portal a tiempos mejores, y darte cuenta que hoy no te podes reír tanto, que los problemas (el trabajo, el alquiler, el paso del tiempo, la búsqueda del amor) ya no son tanto quimeras a las que enfrentamos con épica, sino el día a día que ofrece la adultez. Pero yo buscaba disociar más, y meterme en un mundo de fantasía con ropas extrañas, botas largas como la cordillera y champagne. Quizás tenga que volver a la primera.

Eso es todo. Pueden dejar de leer.

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Elian Aguilar
Escritor, cineasta, fanático de los comics, las peliculas y las series. Geek desde temprana edad, cuando descubrí que los kryptonianos podían morir y que existía la alegría a 24 fotogramas por segundo. Coleccionista acérrimo que no mide el espacio de sus colecciones. La revista Cine Fantástico y Bizarro me hace feliz y el Festival de Cine de Género Buenos Aires Rojo Sangre es mi lugar en el mundo.

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