Aún queda tiempo para una historia más
Una historia similar a Cenicienta: una serie web gratuita con un equipo reducido, que la compra Netflix y luego del éxito llega a convertirse en un evento cinematográfico. Y si a eso le sumamos que el país donde sucede es Argentina, es algo más parecido a un milagro. La Frecuencia Kirlian resiste a fuerza de sus historias.
¿De qué va?
En la pequeña localidad de Kirlian ocurren cosas extrañas. Y lo que es más, un programa en una radio que transmite solamente de noche se dedica a recopilar dichos eventos, incluso a provocarlos. Una revista pornográfica poseída por una entidad oscura; un monstruo que asesina niños que no le importan a nadie; y un cometa que amenaza con destruir a la ciudad, son solo algunos de los males que acechan desde las sombras durante la última noche al aire de La Frecuencia Kirlian.
Aviso parroquial: siendo amigo del creador de esta obra audiovisual, esta reseña puede contener visos de subjetividad, pero serán mínimos. En mi pacto como reseñador, juro solemnemente intentar transitar la ancha avenida de la objetividad periodística.

9 años atrás, un 30 de abril, salía a la luz una serie online sobre una radio de un pueblo perdido de Buenos Aires, que como en Creepshow, contaba pequeñas historias de horror y seres extraños con una técnica de animación rudimentaria pero efectiva. Su creador, Cristian Ponce, rompería el molde al conseguir que la misma llegue a Netflix.
Luego seguirían Historia de lo Oculto (2020) y Abraço de Mãe (Abrazo de Madre, 2024), dos largometrajes live action, en la plataforma de la N roja, que posicionaron a su director como uno de los referentes del fantástico actual. Y que en La Frecuencia Kirlian, como sucedió con los largometrajes de Demian Rugna, apuesta por un verosímil del interior profundo.

Cómo sucede en la serie (que pueden ver en la plataforma Flixxo), somos testigos de varias historias que en un principio parecen desconectadas, pero como sucede siempre con los guiones de Ponce, terminan siendo el telar de un desarrollo más grande y potente de lo que se ve a primera vista. Y a eso se le suma la sorpresa: todas las secuencias dentro de la radio son live action.
La capacidad del equipo técnico para trasladar la animación de la radio y su presentador, a un escenario de carne y hueso es mayúscula, creando un espacio liminal entre la fantasía y realidad donde queremos quedarnos a vivir. Y mientras las historias se desarrollan, todo se está terminando porque llega lo prometido hace tiempo: La noche del cometa.

Revistas pornográficas con monstruos de estilo oriental, aliens como moscas que hacen negocios inmobiliarios, la policía siendo monstruosa para con los pibes, la batalla por el poder político de Kirlian… cada una de las historias que forman el mosaico de La Frecuencia Kirlian nos hacen desear estar alrededor de un fuego con una taza caliente de chocolatada para escuchar y maravillarnos sin parar.
Las animaciones tienen un upgrade interesante, con texturas y movimientos que no acostumbrábamos a ver en la serie original, pero sin dejar de sentirse como propias de ese universo. Vivimos en un lugar donde ocurren cosas extraordinarias y, aunque se puedan ver calles comunes a cualquier barrio, nos transporta a una sinfonía de fantasía, que es donde habitan esas historias que nos hacían temblar de chicos, alla Elsa Bornemann.

Y la pregunta del millón: ¿se explica qué sucede con «La noche del cometa»? ¿Por qué desapareció Kirlian? Y sí, eso encuentra su respuesta, y conecta con las cintas originales, con cosas que vimos en la serie y sobre todo con la potencia que tienen las historias y sus ideas. Porque desde ahí se apoya para crear o destruir universos. Y con un epílogo con los creadores originales, muy hermoso.
La Frecuencia Kirlian es un milagro. Un glitch en un sistema que no apuesta por historias originales, algo incómodas, fantasiosas y a veces naive y kitsch. Son Merry y Pippin corriendo antes que todos para enfrentar a las hordas de Sauron por Frodo. Es confiar en la fuerza de algo que nos une y constituye como sociedad: los relatos y su fortaleza, incluso en tiempos aciagos.

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