Slashers con espíritu setentista
En tiempos de franquicias mastodónticas, universos compartidos y proyectos 360, aparece un proyecto pequeño y simple: tres personajes con proyección de asesinados y una máquina de matar que no parece detenerse. Ah, y mucho ruido de imagen setentosa en Dolly – Juega contigo.
¿De qué va?
En lo profundo de los bosques de Tennessee, entre árboles cubiertos de muñecas rotas y sucias, algo espera. Algo llora. Algo busca una hija.
Está siendo un gran año el 2026 para el cine de terror. Mientras que varios youtubers están pegando el salto a la pantalla grande, renovando un subgénero algo adormecido, otros realizan homenajes que respiran no sólo amor por el horror, sino registros de cuando el cine estaba más vivo.

Dolly – Juega contigo es muy simple, son siete u ocho secuencias en total, con pocos (muy pocos) personajes, en exteriores o en la única casona que sirve de locación. ¿El resto? Tensión, miedo, sangre, vísceras y gritos que evitan la pantalla verde y el CGI.
Porque una de las características con las que se «vendió» la película es que el 100% de lo que se ve fue creado sólo con efectos prácticos, y se nota, se sienten, y terminan siendo un soplo de aire fresco. Lo viejo funciona, Juan.

Fabianne Therese (a quien varios recordarán de John Dies at the End) hace a la perfección el papel de la Final Girl, pero quienes realmente se destacan son Seann William Scott (el Stifler de American Pie) cómo la pareja sufriente de la protagonista, y el luchador profesional Max the Impaler que personifica a la Dolly en cuestión.
¿Quién es Dolly? Un ser perverso y oscuro, que se esconde tras una careta de cerámica que emula las muñecas que ama, muñecas que decoran todo a su alrededor. De esas figuras que parecen mirar a la oscuridad del abismo en sus ojos sin vida. Y a eso se le suma su deseo de ser madre, que lleva a amamantar a sus víctimas con mamaderas asquerosas en una estructura corporal, para imitar los pechos de una madre.

Y luego el apartado visual. Dolly – Juega contigo se ve y se siente como filmada en 16mm, formato ya extinto, que no sólo carga una cantidad de grano evidente, sino que permitía cámaras más pequeñas y transportables, haciendo que estén en mano moviéndose en todas las direcciones.
Un registro pseudo-documental que acercan a esta película a gemas como The Texas Chain Saw Massacre, de Tobe Hopper. Pero no busca imitar, acá Dolly tiene peso propio, es una asesina que gana su lugar a fuerza de escenas asquerosas y tensionantes. Mientras que, la imagen setentosa nos lleva a un estado similar a la somnolencia, todo es como una gran pesadilla.

Dolly – Juega contigo es una fiesta para el amante del cine de terror, aquel que festeja cada cuchillazo como un gol y que cierra los ojos cuando de la nada aparece el asesino. Y la película lo paga con creces, como ver al novio protagonista con toda la quijada abierta queriendo sobrevivir y salvar a su pareja.
Quizás su única crítica es que apunta a su nicho y nada más que a ellos, por su prototipo de homenaje y su especificidad en el subgénero. Pero siendo algo casi extinto en la pantalla grande, sólo queda celebrarlo, y vivirlo en el cine, que es dónde la magia ocurre.
Que para el resto del horror, tenemos el día a día.

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