La comedia femenina al poder
Cuatro comediantes, cuatro actrices, un montón de gags obvios y la efectividad como punta de lanza. Isla Fisher, Leslie Mann, Michelle Buteau y Anna Faris demuestran que pueden ser protagonistas en Relajadas y muy peligrosas.
¿De qué va?
Tres mejores amigas se van a relajar a un spa de lujo en Palm Springs… hasta que llega su amiga más alocada y todo se convierte en un caos total.
Existen fórmulas, estructuras algorítmicas desde que el algoritmo no era mala palabra, un conjunto de reglas y situaciones que podían hacernos adivinar lo que venía, pero no dejaba de ser efectivo. Y eso en la comedia es la base desde dónde avanzar. El chiste es una bazooka que debe explotar en la cara de quien está viendo.

Entonces, uno podía entender que cosas cómo ¿Qué pasó ayer? sean éxitos de taquilla, o que las comedias escatológicas de Adam Sandler y sus amigos sigan funcionando a pesar qué solo basen su búsqueda en flatulencias. Pero eso se basa en un estadío de cercanía que permita seguridad.
Podemos maravillarnos con super producciones, podemos pensar horas sobre una película «artie» o podemos entrar en el lisérgico mundo de las experimentaciones, pero siempre necesitamos la zona de comfort, ese lugar al que recurrir cuando el mundo es demasiado oscuro. ¿Y eso funciona en una comedia protagonizada por mujeres?

La pregunta por supuesto que es un artilugio narrativo. Relajadas y muy peligrosas es la típica comedia efectista y directa, sin demasiado doble trabajo interpretativo, pero llevada a cabo por mujeres. Y sí, funciona igual, claro que en lugar de caer en espacios «casi siempre» ocupados por varones se lleva a cabo en un spa. Porque claro, ese es el espacio de las mujeres… la cocina o el spa (?).
La película es un compendio de lugares comunes de las mujeres, pero cuando se piensa un poco el proceso es aún más pervertido: es el lugar común que los varones creemos de las mujeres. ¿Y esto por qué sucede? Porque esta comedia protagonizada exclusivamente por femeninas, está escrito, producido y dirigido por todos varones. La sensibilidad y la mirada del demográfico que estás protagonizando te lo debo.

Mientras que en las comedias varoniles el tema es el alcohol, la bruja, los deportes, los videojuegos o cosas «de macho», acá todo es el cansancio de ser madres, el techo de cristal laboral, el miedo de que una mujer mayor salga con alguien menor, o la baja autoestima como consecuencia de convertirte en un trapo de piso. Pero nada de eso tiene un halo de profundidad. Son las conversaciones que tenemos los varones cuando nos juntamos entre nosotros e intentamos entender el mundo de las mujeres.
¿Y deja de ser divertido por eso? La realidad es que Relajadas y muy peligrosas se apalanca en sus protagonistas, dónde Isla Fisher logra divertirse con su versión propia de Stifler, Anna Faris demuestra que su carisma sigue intacto y que tiene buen timing para la comedia, Leslie Mann adquiere el rol protagónico y Michelle Buteau completa al mismo tiempo el cupo afroamericano y «latino». Cada una hace lo que tiene que hacer, y lo hace con oficio.

Ahora, nada tiene profundidad o una mirada única y propia. Parece no querer problematizar realmente las cuestiones que llevan a actuar a cada personaje, sino simplemente usarlo de trampolín para una jijeada. Y con los animales, las montañas de droga o las apariciones de la dueña del Spa, Shanti (interpretada por Erika Heynatz) logra una risotada, pero no mucho más.
Relajadas y muy peligrosas se siente como una oportunidad desperdiciada, cómo la excusa de «hagamos una comedia con mujeres», pero sin jugársela a darle la voz a quien realmente vive ese universo. Un calco, el papel carbónico de un mundo que le es ajeno. La humorada de un varón que convierte a sus protagonistas en pick me girls audiovisuales.

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