Teoría de choque para miedosos
Dos mujeres, un guía, una montaña imposible y sin control, variadas malas decisiones, y la sensación de que siempre estamos por caer en la segunda parte de una impensada franquicia de amantes de lo extremo. Vértigo 2: Punto Muerto es toda una experiencia para vivir en la pantalla grande.
¿De qué va?
La película se traslada a Tailandia, donde una peligrosa caminata sobre una estructura suspendida se convierte en el escenario de una situación límite. Un desprendimiento de rocas deja a sus protagonistas atrapados y obliga al grupo a enfrentar un entorno en el que cualquier movimiento puede tener consecuencias.
La primera parte de Vértigo llevaba a una youtuber adicta a las emociones fuertes a lo alto de una antena, en dónde traiciones y mala suerte hacían que todo saliera mal y quedarán las protagonistas atrapadas sin poder volver. Cuando se anunció la segunda parte no parecía tener sentido, pero Vértigo 2: Punto Muerto tiene algunas sorpresas bajo la manga.

La película arranca floja, con un tufillo a directo a video que fue una verdadera alerta en la sala, pero se va adaptando, encontrando su forma y termina entregando una experiencia abrumadoramente audiovisual; cuando los títulos comienzan a aparecer en la pantalla, uno siente el pecho relajarse, y la transpiración secar.
Y hay una respuesta: la dirigen Michael y Peter Spierig, directores hermanos, avezados en el género fantástico con sus contundentes y muy de nicho Daybreakers (2009) y Predestination (2014), incluso se hicieron responsables de una franquicia importante con Saw VIII (2017). Ellos logran proponer una visión y una impronta, no es una película aséptica más… se nota una visión.

El protagonismo recae en Harriet Slater (que oficia de hermana de la protagonista de la primera parte) y Arsema Thomas, a ellas se suma el guía interpretado por Tom Brittney. Y casi todo el metraje da vueltas alrededor de este power trio. Cada uno tiene sus propias motivaciones y miedos, y eso (avanzado el segundo acto) se convierten en el reguero de pólvora que permite una buena explosión en el tercer acto.
Una montaña imposible, un duelo a medio realizar, y varias malas ideas van a hacer que las dos mujeres protagonistas terminen a 1200 metros de altura sin poder bajar. La sensación de otredad, de cosa turbia, permite darle un poco de verosimilitud a algo que podría ser simplemente una excusa vacua que no emociona a nadie.

Vértigo 2: Punto Muerto se siente más viva que otras producciones más grandes, parece haber más metraje realizado en exteriores y el calor y la transpiración nos acerca más a la desesperación que respiran en cada grito que pegan a la nada. Sí, por supuesto que hay golpes de timón en el guion que son por demás arbitrarios, pero es algo que el cine de género un poco perdona.
La desesperación se cocina a fuego lento, y el clímax nada tiene que ver con el conflicto inicial. Ese es uno de los puntos fuerte, que la resolución del conflicto se hace carne a partir del cierre del duelo de la protagonista, y no tanto en la situación de «no-podemos-salir-de-acá», lo que le da cierta carnadura el metraje y permite que nos importe ALGO sus protagonistas.

Por supuesto que Vértigo 2: Punto Muerto es una película de nicho, y cae en varios lugares comunes o en poses cómodas, pero cuando se tiene que volver cruel lo hace con sorpresa, y eso no es algo tan común en el cine edulcorado que consumimos día a día.
Cómo el camino de sus protagonistas, la película arranca en el llano para ir construyendo momentos de crisis, desesperación, esperanza, traiciones y heroísmo; y hasta se da el lujo de preparar el terreno para una tercera parte que buscar cerrar nudos desatados de la primera parte. ¿Quién hubiera imaginado ver nacer una franquicia dónde el protagonista es la altura?

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