Amenaza en lo profundo: Alien meets AVP2

Norah (Kirsten Stewart) se lava los dientes de manera apática (¡Sorpresa!) en una estación sub-acuática que está perforando el punto más profundo del lecho marino conocido por la humanidad. Lo que podría continuar como “y entonces aparece Jason Statham y nada contra un tiburón de 25 metros, ¡Y le gana!” se convierte más en una experiencia abrumadora y que te hace perder el aire. La estación comienza a desmoronarse, y cómo si fuera un nivel del videojuego Uncharted, vamos a acompañar a Norah hasta entender que sucede con el lugar y con la tripulación.

Sí, Amenaza en lo profundo arranca muy bien. Utiliza los elementos más conocidos del survival horror y va de a poco cocinando la acción para lo que va a ser el plato fuerte: los pocos personajes que sobrevivieron van a tener que caminar hasta una estación cercana para poder escapar en naves acuáticas submarinas. La cuestión del encierro, la soledad, el miedo a lo desconocido y los trajes con casco parecen ser algo repetitivo en la obra de su director William Eubank, que luego de Love  (2011) y The Signal (2014) vuelve a apostar a este tipo de relatos más claustrofóbicos.

Lo de Kirsten Stewart es un misterio, la forma abúlica y monótona de encarar sus personajes son motivo de burlas, y cuando busca salirse de ese personaje (como en la última adaptación de Charlie´s Angels) sólo termina dando vergüenza ajena. Sin embargo en este caso, interpretando a una ingeniera de pelo corto y muchas ganas de vivir, nos encontramos con una faceta no tan visible de la actriz que ayuda al relato y suma. T.J. Miller y Vincent Cassel, como el alivio cómico y el capitán respectivamente también están muy equilibrados con lo que se cuenta, y logran una empatía muy necesaria en este tipo de historias donde te tiene que interesar que sucede con los personajes. Pero por sobre todo destaca Jessica Henwick (la Colleen Wig de Iron Fist), con un personaje que arranca muy débil y dubitativo y se va estableciendo a los golpes mientras la película avanza.

Pero para poder ponerle un check al género falta alguien que aceche, un monstruo… algo más allá del entendimiento humano. En Amenaza en lo profundo es una criatura que fue despertada de un sueño de muchísimos años debajo del lecho submarino más profundo (sí, como The Meg), y además de estar muy molesta con qué le corten la siesta, esta figura (que podría ser mitológica, extraterrestre o anda a saber…) está decidida a destruir por completo la instalación que la arrebató de los campos de Morfeo.

¿Entonces, es como Alien pero en las profundidades del mar? ¿Algo así como The Abbys pero con monstruos malos? Lamentablemente no, la película va perdiendo el buen tino a la hora de generar climas, y cuando los personajes deciden enfrentar a la criatura todo se vuelve un sinsentido de planos y montaje inentendible, la acción se vuelve borrosa y el accionar de cada uno de los protagonistas se percibe confusa. Parecería que el director estaba más cómodo en la generación de climas y suspenso, pero mucho menos en las escenas de acción bajo el agua. O también podríamos estar frente a un homenaje a esa pieza de confusión audiovisual llamada AVP2.

Sin embargo, Amenaza en lo profundo es un buen espectáculo para ver en la oscuridad de la sala. Durante más de una hora nos encontramos agarrados de la butaca ante los nervios y la tensión. Hacia el final eso se va perdiendo, pero podemos decir que es por la falta de oxígeno, y que en realidad nada de lo que está sucediendo es real. Total, en la profundidad del espacio… nadie te escuchará gritar, o quejarte.

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