Guasón: yo siempre amé tu locura…

La grieta atraviesa fuertemente cualquier conversación digital (y no) hoy en día, y el cine no está exento. Que sí Avengers, que sí Batman, que sí el mostacho de Superman, que sí copiar esquemas que funcionaron… El estreno de Guasón (Joker para les amigues) puede leerse de dos maneras: como un elemento más para agrandar la grieta, o cómo una manera de saltarla, evitarla, achicarla… Lo que Todd Phillips (The Hangover, Old School, War Dogs) hizo es de otro planeta, aprovechando el rugir económico de las películas de superhéroes, se puso la capa para hablar sobre la demencia, el pobre sistema de salud estadounidense, la violencia armamentística, el espectáculo morboso, etc…

Tenemos que hablar de Arthur Fleck

El Guasón (a partir de ahora, Joker) es un personaje reconocido en la cultura pop. A niveles sintéticos es el antagonista principal de Batman, pero como su contracara los niveles de complejidad que conlleva el personaje, su destrozada psiquis, y esa sensación de libertad (tan explotada por Ledger en la trilogía de Nolan) lo convierten en un entretenimiento por sí mismo. Piensen lo siguiente: ¿recuerdan más las películas de Batman con o sin Joker? ¿Recuerdan todos los personajes que interpretaron a Batman en cines y series? ¿Y del Joker?

Esa misma complejidad permite a los actores abordarlo desde diferentes aristas (no olvidemos que en universo de los comics, puede que existan 3 Jokers conviviendo al mismo tiempo), y a nosotrxs esperando a ver con qué nos sorprende el nuevo intérprete. Esta simpleza en la complejidad posicionan al Joker como un personaje “evergreen”, cómo dicen las empresas de medios: es un personaje vigente todo el tiempo y que puede acomodarse a cada coyuntura. Es en este escenario que la jugada de Phillips parece ser maestra. Pudiendo caer en un error de forzar la conexión con un universo expandido de DC algo confuso, decide llevar adelante un proyecto separado (o no…) y explotar sus filias y fobias desde allí. Ofreciendo un espectáculo amargo, espeso, incómodo… villanesco.

Arthur Fleck (Joaquin Phoenix) es un hombre con transtornos psiquiátricos, tiene una enfermedad que lo hace reir compulsivamente aunque no quiera hacerlo. Su madre se encuentra postrada en un departamento desvencijado y él se gana la vida vendiendo publicidad disfrazado de payaso y soñando con ser comediante de stand up. Su pasado es algo incoherente y su futuro no parece tener mucho vuelo. Pequeños sinsabores diarios y cachetadas burocráticas van a comenzar a convertir a este pobre hombre en un sociópata asesino que con su accionar va a poner de pie a una parte de la sociedad de Gotham (Ciudad Gótica para los que veían la serie de Adam West) que ya no aguanta más que los ricos gobiernen solo para ellos, olvidando a los de abajo.

Todo esto engalanado por artistas como Robert De Niro, Zazie Beetz, Frances Conroy o Brett Cullen.

Que no es un antihéroe… es un villano

Las primeras impresiones de la película levantaron polvareda: que aprueba la violencia, que no es de superhéroes, que Marvel lo hace mejor, que el Oscar a Phoenix, y un largo etcétera.

Joker no es una película sencilla. No es “divertida” y simple. No es pasatista. No es para ver de reojo en la gran plataforma de la N mientras hacemos otra cosa para luego contar en redes que vimos toda una temporada de un tirón. Joker es una película que te requiere atento, activo, pensante, sintiente. Te genera dudas, te cambia el punto de focalización, te demuestra que sólo existen los grises… no es una película de superhéroes entendida como Infinity War. Es el siguiente paso de la evolución, eso que se demostró tibiamente con Logan, el género superheroíco se estableció tan fuertemente que ya comienzan a surgir productos que fusionan los géneros. Pasó con Brightburn y el terror, pasa con Joker y el thriller policial / drama. Y recordando siempre lo más importante: el Joker es un VILLANO, no es un antihéroe, no es Punisher… que gane él es que gane el mal. Y eso en tiempos tan edulcorados es un poco molesto… incómodo.

¿Hay conexiones con Batman? ¡Pues claro! Algunas mas inteligentes que otras. ¿Se puede leer como parte de otros Jokers y Batmans que hemos conocido? ¡Por supuesto! Pará… ¿puede incluso relacionarse con el Batman de Pattinson? ¡Para que te digo que no, sí si! Tantas capas, tantas aristas, tanto a la interpretación… Phillips decide no cerrar las puertas a un universo expandido y en eso saltea totalmente la grieta, aprovechando para hablar de cosas que quería.

Robert De Niro es un presentador televisivo, usado para una crítica de los medios incluso en tiempos de los 70s/80s. Zazie Beetz es el “interés romántico” que muestra lo que le sucede a la gente común. Frances Conroy es su madre, y sufre ante la falta de ayuda del estado ante un problema de salud, mientras evita escarbar en el pasado de ambos: madre e hijo. Y Brett Cullen es el meritócrata que buscar ser gobernador, que cree que puede sacar adelante a Gotham City a pesar de venir de un stablishment alejado de “la gente común”. Interpreta a un personaje conocido, y como tal, aprovecha la poca información para mostrar todos sus matices. Puede ser un faro de esperanza, o un garca neoliberal.

El show del payaso

Dolor, muerte, asesinato, medios, corrupción, problemas en los sistemas de salud estatales, personajes profundos, claroscuros, justicia…

La grieta va a existir desde siempre, pero la existencia de películas como Joker puede ser la gasa que cure este mal que nos aqueja. Y a la vez nos permite sentirnos interpelados de manera oscura y adulta con un personaje que podría considerarse infantil. Pero tengamos en cuenta: el payaso homicida nunca debería tomarse a la ligera…

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