Punto Muerto: seguir jugando con los límites

Daniel de la Vega es un director argentino arriesgado. Incursionó en los inicios en películas de terror directo a video en inglés para el mercado yanqui (con La muerte conoce tu nombre), hizo cine de terror en 3D (Necrofobia) o hasta películas de terror en inglés con Faye Dunaway (Jennifer´s Shadow, co-dirigida con Pablo Parés). Además humor negro (Hermanos de Sangre) y terror con caras reconocidas de la tele (Ataúd Blanco). Con este prontuario no es extraño que para su nueva película elija contar una historia en blanco y negro, un misterio Agatha-Christiano digno de Allan Poe con un asesinato y un gato negro incluído.

Si pensás, salís…

Punto Muerto cuenta la historia de un escritor (interpretado por el gigantesco Osmar Nuñez), que parece haber encontrado la solución al famoso misterio del cuarto cerrado: una muerte en un lugar cerrado, sin posibilidad de entrar o salir, y en el que nadie sabe quien fue el responsable. Claro que la crítica (representada por un muy buen Luciano Cáceres) no le cree y lo enfrenta a otro escritor (interpretado por dignamente por Rodrigo Guirao Díaz), uno más novel que el protagonista, que lo admira profundamente y que a su vez funciona como potencial amenaza.

De repente, una muerte muy similar al escrito ocurre, y Luis Peñafiel (nuestro protagonista) queda en la mira como un posible asesino.

La película, ambientada en una posible realidad entre los 40s y 50s, es un gran ejercicio de estilo; la música, el sonido, la composición y sobre todo la fotografía son pilares en los que se apoya una producción que ya de por sí se sabe que no tiene el presupuesto de las grandes producciones. Pero, por suerte, no es necesario justificarla: la película se mantiene por sí sola. Daniel de la Vega vuelve a apostar y vuelve a ganar, apoyado por un gran trabajo actoral, en el que también participan Natalia Lobo, Enrique Liporace y la bellísima María Eugenia Rigón.

El gato estuvo aquí

Punto Muerto es un mecanismo de relojería, cada uno de los elementos cinematográficos están a disposición del relato. Un relato que (como sus fuentes) se va cocinando a fuego lento, con una conclusión que nos hace pensar cuanta casualidad hay en que se estrene el mismo día que Guasón.

En tiempos donde no es común ver muchos estrenos nacionales de género, es para festejar la aparición de un producto como éste, jugado, diferente, tan lleno de cine.

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