Piedra, papel y tijera: lo primero es la familia

Dos hermanos viven en una casa ochentosa, derruida, de esas repletas de objetos anacrónicos y marchitos, de botellas con vidrio esmerilado, con colores pastel y amarronados. Su padre, un hombre muy enfermo y con tendencias suicidas, fallece y la tercera hermana (en este caso, hermanastra) vuelve de España para llevar a cabo toda la burocracia. ¿Qué podría salir mal?

Piedra, papel y tijera es una co-dirección, y ambxs directores estrenan título como tales. Macarena García Lenzi es dramaturga y directora de teatro. Dirigió Tripas Corazón, Sangre de mi sangre y Mis cosas preferidas. Esta es su primera película como directora, siendo una adaptación de su obra Sangre de mi sangre. Martín Blousson, por su parte, es montajista y guionista. Escribió La Memoria del Muerto (Valentín J. Diment) y participó de los guiones de Hermanos de Sangre (Daniel de la Vega) y El Eslabón Podrido (Valentín J. Diment), entre otros. Tuvo a cargo el montaje de La Memoria del Muerto, Necrofobia (Daniel de la Vega), La Valija de Benavídez (Laura Casabé) y la multipremiada El Eslabón Podrido, también de Diment, entre otras. Antes de encarar esta primera co-dirección en ficción dirigió el documental El Sentido Derby, estrenado en el BAFICI 2016. La producción es del gran Valentín J. Diment, que además de El Eslabón Podrido dirigió dos documentales muy fuertes como Parapolicial negro, apuntes para una prehistoria de la AAA y La Feliz: Continuidades de la violencia.

Estamos frente a conocedores del género y sus diferentes facetas.

La dinámica es clara: el juego del gato y el ratón (en este caso, cobayo) se inicia cuando Magdalena (Agustina Cerviño) sufre un “accidente” y queda postrada en la cama de la casa de sus hermanastros, la misma que alojó a su padre cuando éste estaba moribundo. María José (Valeria Giorcelli) y Jesús (Pablo Sigal) comenzarán a mostrar la hilacha y a generar alianzas y traiciones alrededor del nuevo integrante. Claro, los nombres son una clara alusión bíblica, pero no se detiene allí… la película del Mago de Oz, aquella de 1939 también tiene un juego metatextual, con la guerra entre las dos brujas: la del Este y el Oeste. E incluso… un momento musical.

La casa, los colores y el arte engalanan un duelo actoral muy interesante, convirtiéndose en un protagonista más a través de una paleta que se va modificando a medida que las alianzas hacen lo propio, y a través de diversos elementos vintage que tendrán una repercusión importante en el relato. Esa calma que genera la casa (que es imposible que no nos recuerde a nuestrxs abuelxs) va jugando de contrapunto a la tensión entre los personajes, llegando a dar ganas de gritar “¡SALI DE AHÍ MARAVILLA!” a grito pelado en la sala.

Con buenas actuaciones, un aprovechamiento del poco presupuesto en estas producciones a través del arte y las paletas cromáticas, una tensión que recuerda a Misery, ¿Qué pasó con Baby Jane? y El bebé de Rosemary, y bastante humor negro, Piedra, papel y tijera termina siendo una muy buena opción para meternos de lleno en ese terror que no te hace dar saltos a través de jump scares, pero que una vez que termina te das cuenta lo tenso que estaban cada uno de los músculos agarrados a la silla.

Y necesitamos un spin-off del cobayo, claro está.

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