Zona Cero: un desgaste natural

por | 05-09-2026 | Cine, Reseñas | 0 Comentarios

No son zombies, son un hongo

Se estrena lo nuevo de Yeon Sang-ho, el director de Train to Busan, y pone nuevamente al mundo del terror patas para arriba. Zona Cero (Gunche) mezcla conceptos y continúa potenciando el cine coreano. ¿Pero funciona tanto como sus anteriores obras?

¿De qué va?

La historia comienza en una conferencia de biotecnología donde todo parece bajo control. De repente, un virus de mutación rápida se desata y el recinto queda sellado. El contagio se expande. Los infectados no solo atacan: evolucionan en formas impredecibles. En ese encierro, un grupo de sobrevivientes debe abrirse paso mientras cada minuto reescribe las reglas del juego.

Existe una electricidad al conocer estrenos en salas comerciales de películas desde Oriente. Una sensibilidad diferente, una óptica imprevisible… y cuando aparece un nombre como el de Yeon Sang-ho, y nos enteramos que estrena otra de terror con zombies, la excitación se siente a flor de piel. ¿Pero vale la pena?

Zona Cero cumple a rajatabla todos los mandatos del subgénero: un espacio encerrado con diferentes espacios, un grupo heterogéneo de personajes, un menor de edad, una persona detestable, y una horda de convertidos que sólo buscan asesinar. Pero acá, comienzan a aparecer otros ribetes.

En Estados Unidos se llamó Colony y apunta a la idea generadora: en este caso no estamos ante un grupo de humanos mordidos que pierden toda capacidad de raciocinio y salen a buscar carne humana a granel -a veces lento, o a veces rápido- sin un plan aparente. Acá es un sólo cerebro, una suerte de colonia de hormigas.

A diferencia de Train to Busan y Peninsula, sus dos películas anteriores en el subgénero, el director deja de pensar solamente en los sobrevivientes, sus decisiones y contradicciones, para darles una entidad y objetivo al grupo atacante. Estos seres que evolucionan desde humanos, pasan a ser parte de una suerte de gran hongo que aglutina todo su comportamiento. Y fueron generados por el hombre, y pueden ser usados como arma.

Y uno pensaría que desde allí se puede construir la famosa «es algo que ya conocemos pero con un twist«, pero no. Zona Cero se termina diluyendo en esa puja entre los protagonistas (el típico grupo) y un villano medio jamesbondesco que va escapando y poniendo trampas en pos de un «plan mayor». Uno que termina siendo intrascendente, y desdibuja a la vez a una parte del díptico.

En Train to Busan, Yeon Sang-ho nos hacía sufrir más con un personaje ofreciendo su vida por otros, que por una mordida o muerte zombie. Construía desde el seno de los humanos que habitaban el caos, y con esa base y empatía lograba conmover para luego rompernos el corazón introduciendo el factor sobrenatural y asesino.

En Zona Cero los personajes nos importan poco. El sin códigos no es tan abyecto, la heroína no es tan intrépida, hay una discapacitada que no parece tal (porque no tiene ningún «problema» a partir de su discapacidad), y el villano no parece tener fuerza que se le contraponga. ¿Cómo se construye el conflicto sin esa potencia antagónica?

Sí, las imágenes son demoledoramente potentes y efectivas, el ritmo y montaje (aunque menos limpio que sus antecesoras) no se detienen un segundo, y el concepto de los «zombhongos» -concepto recién inventado y con patente en desarrollo- tiene características visuales que son llamativos. Pero el director compite contra sí mismo y su pasado en el subgénero, y ahí sale perdiendo.

Zona Cero termina siendo la más yanqui de las tres películas de zombies de Yeon Sang-ho. No ahonda demasiado en nada, ofrece personajes al matadero sin ninguna construcción que nos haga preocupar por ellos, y tiene un villano de esos intrascendentes que se olvidan al segundo de terminar el visionado. Pero como siempre sucede cuando algo audiovisual viene de Corea, sigue siendo mejor que cualquier otra muestra de Estados Unidos.

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Elian Aguilar
Escritor, cineasta, fanático de los comics, las peliculas y las series. Geek desde temprana edad, cuando descubrí que los kryptonianos podían morir y que existía la alegría a 24 fotogramas por segundo. Coleccionista acérrimo que no mide el espacio de sus colecciones. La revista Cine Fantástico y Bizarro me hace feliz y el Festival de Cine de Género Buenos Aires Rojo Sangre es mi lugar en el mundo.

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