Amarga Navidad: volviendo como parodia

por | 28-05-2026 | Cine, Reseñas | 0 Comentarios

Almodóvar regresa a la pantalla grande

Existen ciertos directores que su sólo apellido puede crear instantánea fascinación o rechazo, Pedro Almodóvar es uno de ellos. El español continúa trabajando el duelo, la inspiración y el juego narrativo en Amarga Navidad, protagonizada por el argentino Leonardo Sbaraglia.

¿De qué va?

Amarga Navidad narra la alternancia de dos historias, una protagonizada por Elsa (Bárbara Lennie), directora de publicidad, en 2004, durante el largo puente de la Constitución de diciembre. La segunda ocurre en 2025, la protagoniza Raúl (Leonardo Sbaraglia), un guionista y director que está escribiendo un guion que pronto descubriremos que es la historia de Elsa, su novio Bonifacio (Patrick Criado) y sus amigas Patricia (Victoria Luengo) y Natalia (Milena Smit). Mezclada con ficción, Elsa, de algún modo, es el alter ego de Raúl, que recurre a la autoficción como solución a una larga temporada de sequía creativa. Mira dentro de sí, y no puede evitar mirar también a las personas que componen su universo más íntimo, su compañero (Quim Gutiérrez) y su ayudante (Aitana Sánchez -Gijón).

La inspiración es una de las simplificaciones más tóxicas de la creación artística. La idea que baje desde el éter una musa para dar luz, olvida la cuestión programática y continua del hacer. Y parece ser que Almodóvar está atravesando esas preguntas.

Amarga Navidad es una caja de china de historias dentro de historias, dónde el pasado y el presente se dan la mano -o se golpean detrás de la cabeza-. Es un tratado sobre la creación y la inspiración, y la discusión eterna sobre usar o no lo que ocurre alrededor de un artista.

Y en la génesis de esa idea platónica hay visos de una discusión sana y metatextual que puede ser a la vez inspiración para las generaciones más jóvenes. Pero el producto final, sobre todo por su propio peso específico, termina naufragando en discusiones tautológicas.

Sí, se ven trazos de lo que hace único al cine del director español, pero se lo nota achanchado y algo repetitivo, tanto que termina reutilizando la misma historia que contó en su última película. Parece ser que la muerte y la compañía durante ella es una problemática personal para Almodóvar. Y no está mal, pero repetir locación y situación se siente… poco inspirado.

El trabajo de fotografía es precioso, con primeros planos que parecen salidos de una ensoñación y una paleta de colores electrizante y saturada que ayuda a no perder detalle a pesar de sólo observar a dos personas conversando en un comedor.

El trabajo interpretativo está muy parejo, con la excepción de Sbaraglia que parece estar en otro registro. Puede ser una búsqueda -ya que la mayoría de lo que se ve sale de su cabeza- pero cuando su pareja o su asistente interactúan con él, ellos mantienen el tono de los personajes ficcionales.

Y es complicado encontrar un protagonista que no se decide entre hablar en español de España o en rioplatense Argento, porque ya desde su manera de expresarse es divergente, si a eso se le agrega una diferencia interpretativa… hace mucho ruido en relación al resto.

Algunas de las relaciones entre personajes se van edificando en base a causalidades e información consistente, mientras que otras parecen etéreas y trastabillantes. Como el protagonista, Almodóvar parece no terminar de entrar en el modelo que él mismo creó, perdiéndose en un torbellino de emocionalidad extrañamente dosificada.

Amarga Navidad no es la mejor pieza del autor, quizás sea el paso del tiempo o un proceso personal que no parece finalizar. Pero sí seguimos encontrando en sus fotogramas el amor por el arte (con la oportunidad de disfrutar de la música de Chavela Vargas), las relaciones sin importar el género o la edad, o la eterna discusión sobre la creación artística. Algo tan antiguo como la humanidad misma.

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Elian Aguilar
Escritor, cineasta, fanático de los comics, las peliculas y las series. Geek desde temprana edad, cuando descubrí que los kryptonianos podían morir y que existía la alegría a 24 fotogramas por segundo. Coleccionista acérrimo que no mide el espacio de sus colecciones. La revista Cine Fantástico y Bizarro me hace feliz y el Festival de Cine de Género Buenos Aires Rojo Sangre es mi lugar en el mundo.

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