El final de la calle Oak: lo primero es la familia

por | 14-08-2026 | Cine, Reseñas | 0 Comentarios

Dinos y ciencia ficción

El director de las extrañas Under the Silver Lake e It Follows, se junta al creador de Lost para revivir el cine shampoo de los 80s donde la ciencia ficción y la aventura se cruzaban con personajes queribles y mucho espacio para dejar de lado la vergüenza. El final de la calle Oak no sólo nos transporta a la época de los dinosaurios, sino un par de décadas atras.

¿De qué va?

Después de que un misterioso evento cósmico arranca a la calle Oak de los suburbios y transporta a todo el vecindario a un lugar desconocido, la familia Platt descubre pronto que su supervivencia depende de mantenerse unidos mientras navegan por un entorno ahora irreconocible.

Parece algo reiterativo en este sitio, pero siempre es de celebrar cuando aparecen propuestas originales que no responden a corporativistas franquiciales, y que -con sus luces y sombras- quieren contar una historia que empieza y termina en el momento que uno quiere sentarse en una sala de cine para disfrutar de la magia. ¿Viajes en el tiempo y dinosaurios? Ya tienen mi atención.

Si a ese combo le sumamos la dirección de David Robert Mitchell (Under the Silver Lake, It Follows) y la producción de J. J. Abrams (Lost, Super 8) la apuesta se vuelve más interesante. Pero no sólo eso, porque en los roles protagónicos se suman Anne Hathaway (con una propensión obsesiva a trabajar) y Ewan McGregor.

La historia sigue a una familia de cuatro, dónde el padre (McGregor) está atravesando una crisis al haber perdido su trabajo, y la madraza (Hathaway) se frustra por tener que ser el sostén absoluto, mientras esconde una doble personalidad como escritora, vaciando su desencanto con historias que se parecen mucho a su realidad coyuntural.

El año es 1985, y durante algunas noches el suburbio donde viven comienza a tener situaciones extrañas: plantas extintas que aparecen, luces que encienden el cielo por un instante, hasta que una mañana se dan cuenta que todo el barrio viajo 200 millones de años en el pasado.

El final de la calle Oak tiene ese espíritu lúdico del cine de Amblin de los ochenta, no se busca dar explicaciones demasiado rimbombantes o que todo gire alrededor del disparador de conflicto: lo que importa es lo que le sucede a esta familia de cuatro intentando sobrevivir en el fin del mundo.

La decisión del elenco funciona a la perfección, Hathaway y McGregor se sienten cercanos, reales, como el vecino con el que te encontrás comprando el mapple de huevos. La capacidad de mutar de súper estrellas a dos padres de clase media baja, frustrados pero a la vez aguerridos por cuidar a sus hijos, es uno de los puntos más fuertes de la película. El rol de los hijos es mucho más desdibujado, dónde al menor le inventan una historia de bullying al principio que no llega a ningún lado.

La acción no se hace esperar, y desde allí nunca se detiene. La familia arranca amotinándose en su hogar, pero luego entiende que es necesario salir y enfrentar a las diferentes razas de dinosaurios que van a ir poniendo en peligro a todos, incluída una vecina que se vuelve parte del clan y por supuesto Starbucks, el perro, que es de los mejores personajes cánidos en años.

Quizás lo más incómodo sea las diferencias de tono que se dan en algunas situaciones de dónde de la risa automáticamente se pasa a una muerte con mucha mala leche, dejándolo a uno atormentado en el medio de una carcajada; seguramente la visión del director y su extrañeza sea la culpable de esto. Los efectos visuales son correctísimos, permitiendo disfrutar y sentir que esta historia es posible.

Sí, queda extraño el final si pensamos en las ramificaciones sobre viajes en el tiempo, pero El final de la calle Oak es de esas películas que podíamos encontrar en el famoso ciclo Cine Shampoo, una historia lúdica y aventurera, dónde puede haber todo tipo de titanes asesinos del pasado, pero lo que importa -y el centro- es el amor a la familia, sin olvidarnos de nuestros peludos de cuatro patas.

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Elian Aguilar
Escritor, cineasta, fanático de los comics, las peliculas y las series. Geek desde temprana edad, cuando descubrí que los kryptonianos podían morir y que existía la alegría a 24 fotogramas por segundo. Coleccionista acérrimo que no mide el espacio de sus colecciones. La revista Cine Fantástico y Bizarro me hace feliz y el Festival de Cine de Género Buenos Aires Rojo Sangre es mi lugar en el mundo.

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