Your soul is mine!
Pasó un tiempo entre su primera parte y esta continuación, pero el torneo definitivo vuelve a la pantalla grande más sangriento y divertido que nunca. Mortal Kombat 2 se revuelca en el charco de lo lúdico, para ofrecer un espectáculo de esos que te hacen sonreír.
¿De qué va?
De la mano de New Line Cinema llega la más reciente y explosiva entrega de la exitosa franquicia de videojuegos, en todo su brutal esplendor: Mortal Kombat II. Esta vez, los campeones favoritos de los fans —ahora acompañados por el mismísimo Johnny Cage— se enfrentan entre sí en la batalla definitiva, sangrienta y sin reglas, para derrotar el oscuro dominio de Shao Kahn, que amenaza con destruir el Reino de la Tierra y a sus defensores.
Cuando en 2021 se estrenó Mortal Kombat en cines, aún vivíamos con el stress post-traumático de la pandemia, y de ver a un personaje inventado siendo protagonista de un universo que tiene cientos de otras opciones más épicas. El golpe fue duro, pero a la vez había ALGO que murmuraba «acá hay potencial», lo que llevó a repetir a Simon McQuoid en la dirección.

Estamos frente a una rara avis: una secuela que es mejor que su original. Mortal Kombat 2 es un espectáculo de luces y sonidos que sincretiza el espíritu del juego, la compleja mitología alrededor de su universo y una buena puesta de cámara. Y por sobre todas las cosas, es DIVERTIDA.
Uno de los problemas a la hora de «vender» una película basada en videojuegos es la perversión del concepto lúdico hacia lo «que se entienda todo y sea simple, como jugar un jueguito». Y de ese pantano muchas franquicias nunca pudieron escapar. Mortal Kombat pudo experimentar en su segunda intervención (recordemos las dos películas de los noventa), y remontar una primera parte polémica.

Arrojado el pesado lastre de ser solemne o «adulta-para-atraer-más-y-mejor-público», el torneo multidimensional puede explotar sus mejores herramientas y contradicciones, con el agregado de no desperdiciar en sangre y vísceras, pos de respetar la condición primordial gore que tiene el videojuego desde sus inicios.
Y a esa desfachatez se le suma la presencia de Karl Urban, que estrena su Johnny Cage en el live-action, luego que el personaje haya tenido una introducción en los desprendimientos animados de Mortal Kombat Legends. Su adición le agrega unas buenas notas de «The Boys, Primera Temporada» a esta segunda parte.

El equilibrio, entre la compleja y desordenada mitología (que ahora los chetos le dicen lore) y la presentación corta de varios personajes nuevos, permite no caer en sobre-explicaciones, que -dado el material de origen- siempre abrevan en lo cringe. El cine y los videojuegos tienen construcciones discursivas y narrativas diferentes, y es menester adaptar.
Aplauso y medalla para el equipo de arte y maquillaje. La construcción de los escenarios míticos de todos los juegos y su iluminación exagerada, recogen personajes que logran un sutil mashup entre lo cosplayer y lo solemne, y que repelen en su mayoría el uso excesivo de CGI. Son uniformes que no escapan del espíritu original, comiquero y oriental.

¿Algunas situaciones parecen inexplicables o difusas? Sí, hay rastros de una dificultad por amasar tantos conceptos del juego y su historia. Pero también se pueden justificar como pequeños regalos (hoy llamados easter eggs) para los fans más acérrimos. Nada desde lo narrativo detiene el carnaval de hemoglobina y muertes.
Mortal Kombat 2 es un oasis de piña-patada-abajo-arriba-arriba que se extrañaba en las pantallas grandes. Ese acercamiento a mundos extraños, muchas veces vergonzantes o kitsch, pero que nos devuelven a la génesis del dispositivo como faro de entretenimiento. Personajes exagerados, conceptos más grandes que la vida, villanos re villanescos y mucha (MUCHA) sangre colocan a esta secuela en un espacio de celebración.
¡FIGHT!

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