La saga definitiva vuelve a los cines
Siete años desde la última vez que vimos algo del universo creado por George Lucas en cines. Pasaron demasiadas cosas: pandemia, guerras, anarco-capitalismo… pero queda la esperanza de curarnos a través de las historias. Y allí aparecen The Mandalorian & Grogu para llenar esa necesidad.
¿De qué va?
El cruel Imperio ha caído, pero los señores de la guerra imperiales siguen dispersos por toda la Galaxia. La incipiente Nueva República trabaja para proteger las conquistas de la Rebelión con la ayuda del legendario cazarrecompensas mandaloriano, Din Djarin (Pedro Pascal), y su joven aprendiz, Grogu.
Hubo un tiempo que suponía iba a ser luminoso, y se estrenaba un largometraje dentro del universo de Star Wars por año. Pero todo eso era una mentira, una estrategia de los Siths para exterminar cualquier atisbo de esperanza y divertimento. Fueron tiempos oscuros. Y recién, siete años después, vuelve a las pantallas otro ladrillo dentro de una galaxia muy, muy lejana.

Hoy Dave Filoni (creador de todo el universo animado que arranco con Clone Wars) es el responsable de que todo funcione dentro de la franquicia. Fue armando un rompecabezas que arrancó con las tres temporadas de The Mandalorian, una de The Book of Bobba Fett, una de Ahsoka, una nueva temporada de la ya mencionada Clone Wars y The Bad Batch.
Con todo eso, se decidió contar qué sucedía en la galaxia luego de los hechos ocurridos en Episode 6: Return of the Jedi. La Nueva República tiene la difícil tarea de arreglar un entuerto creado por El Imperio Galáctico, y además se encuentra tan debilitada como un bebé recién nacido. Y en ese interregno es cuando nacen los monstruos, y un antihéroe inesperado: The Mandalorian.

Apelando al espíritu inicial de George Lucas, y su pasión por la cultura oriental, The Mandalorian (Pedro Pascal) es una suerte de samurai regido por el Bushidō (camino del guerrero), que decide dejar de hacer misiones por dinero, y limpiar los residuos del Imperio. Y para eso arregla políticamente con la Nueva República, con Sigourney Weaver como su representante.
Y tiene un hijo del corazón, el pequeño Grogu, una suerte de «Mini Yoda», al que salvó en su serie y que decidió adoptar. Un infante de muchos años, con una potente conexión con la Fuerza, que usará sus capacidades de Deus Ex Machina para resolver cualquier conflicto que pueda aparecer. Puede no saber tocar un botón de una nave, pero puede levantar con la Fuerza pesos inimaginables, conectar con animales como Ezra (de Rebels) o curar a velocidades mágicas.

The Mandalorian & Grogu es (y por suerte) una película de aventuras y ciencia ficción para los más pequeños y pequeñas. Una puerta de entrada para una nueva generación, a la que Disney necesita más que respirar. Pero para llegar a ese resultado comete el peor de los pecados: no ser efectiva, inteligente y compleja en el guion. Las cosas pasan porque sí y para avanzar la trama, las casualidades evitan largas esperas narrativas, y los personajes parecen sólo ser reactivos, con una magia que los hace hacer lo que pide la historia,
Desde la imagen, aunque se ve una búsqueda por dejar las pantallas verdes (o las pantallas de LED en este caso), recae en pobres efectos digitales. Se nota mucho la diferencia entre ambas técnicas. CLARAMENTE cuando algo es real, se siente así. Además, cuando hay mucha acción la cámara se mueve demasiado, y los cortes son muy abruptos, haciendo que no se termine de entender del todo que está sucediendo.

Pero a los chicos le va a encantar, y quizás sean el vector de contagio que los acerque al mundo de Star Wars. Acá no hay sables de luz, grandes estamentos políticos o villanos demasiado oscuros para dar miedo. The Mandalorian quiere hacer las cosas bien, y lo acompaña un pequeño, poderoso y sobre todo querible -hasta el paroxismo-, niño.
The Mandalorian & Grogu puede ser el inicio de una nueva generación para Star Wars, donde los personajes son importantes y tridimensionales. Pero visualmente, termina siendo un episodio o miniserie estirada a largometraje, que no se siente del todo *CINE*, y esconde la mitología para no complejizar y que «lo entiendan los niños».
El camino así no es, y esperemos que lo que venga sea mucho mejor. Hay con qué.

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